dimecres, 6 de juny del 2012
Versión editada por Sandra Narración Colectiva
Sumergida en los pensamientos de mis anteriores fracasos amorosos, me fijé en él. Estaba mirando un punto fijo del horizonte, aislado del mundo exterior. Estuve un minuto y medio observándolo detenidamente, y llegué a una conclusión: tenía que olvidar todo mi pasado. Empezar de cero.
Solo se escuchaba un ruido monótono en aquel lugar inhóspito. Según mi instinto, creí que eran balas, esas diminutas piezas de cualquier metal que se dirigen inútilmente hacia algún lugar, esperando a impactar aleatoriamente contra una superficie, o en el peor de los casos, contra un cuerpo protegido exclusivamente por la incertidumbre de la trayectoria. Pero de pronto el chasquido de los pequeños proyectiles cesó. Todo se redujo al silencio más absoluto, unido a un pitido penetrante. Solamente recuerdo percibir mi inofensivo cuerpo volando en el aire, a merced de las balas.
Me desperté en una sala agrietada custodiada por dos individuos con bata que me estaban conectando a un tubo de suero. En un principio me sentí aterrorizada. No sabía dónde estaba, qué me había pasado y lo que me preocupaba más era si lo único que tenía en aquel país se encontraba bien.
Por un momento pensé en toda mi vida anterior: las fiestas, los días sin dormir, las locuras que hacían agradable el vivir. Sentí ganas de gritar, pero no tenía fuerza, y caí en un profundo sueño en que todos mis deseos se hacían realidad...
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